jueves, 18 de febrero de 2016

La prensa cubana en la República


Texto de presentación de la antología Periodistas cubanos de la República. Compilado por Ivet González, Aline Marie Rodríguez y Salvador Salazar. La Habana: Ediciones Temas, 2016, pp. 16-28.

La República: «ni angélica ni diabólica; humana»
Monseñor Carlos Manuel de Céspedes (1936-2014)

Solo mencionar su nombre implica detenerse en aclaraciones… La llamada República (I) es, sin dudas, una época compleja de la historia cubana: no solo por lo que fue, sino por los tabúes y velos de silencio que la siguen cubriendo hasta hoy. Los acontecimientos, avances y retrocesos en el desarrollo nacional que marcaron el período de 1902 a 1958 desbordan este y muchos libros.

Las cinco décadas de andar republicano, en el ámbito particular de la prensa, recogen momentos clave como el nacimiento del periódico moderno, la radio y la televisión, que tuvieron un desarrollo amplísimo en el país y en todo el territorio de Latinoamérica y el Caribe. Sucedió entonces el despegue y la expansión de todo un sistema de prensa que, con sus limitaciones y exclusiones, acogió a los más diversos signos políticos de la época, ya fueran conservadores a ultranza o de una vanguardia manifiesta.

Así lo confirman las aún insuficientes investigaciones que han requisado la prensa durante esta etapa tan llena de claroscuros, y que de manera general demanda nuevas miradas que la rescaten del olvido. Como afirma el historiador Eusebio Leal,

toda la historia republicana es muy importante para su estudio; porque se corre el riesgo siempre de simplificaciones, de reducciones muy mecánicas, en las cuales falta la capacidad de investigar situaciones concretas nacionales e internacionales, el papel de las grandes personalidades en la historia de Cuba, el de las vanguardias políticas y culturales que fueron tan importantes y que borran por completo la imagen del proceso republicano como desierto de virtudes (Leal, 2001).

Entre las grandes personalidades y vanguardias políticas y culturales que menciona Leal, urge rescatar a figuras que dedicaron su oficio a la noticia dentro del escenario sumamente complejo de un país que ganó una guerra de independencia contra la metrópoli española y dio sus primeros pasos como República incompleta e intervenida por los Estados Unidos.

El periodismo moderno cubano surgió en el contexto de una República caracterizada por la profunda desigualdad entre clases y grupos sociales, lo que explica la paulatina configuración de sistemas comunicativos pensados en varios tiempos. Es decir, si bien una amplia mayoría iletrada establecía mecanismos informativos basados en la oralidad y la comunicación asamblearia, se irán estableciendo también espacios de ejercicio de una opinión pública letrada entre diversos componentes de la clase media urbana, así como de la alta burguesía (II). Ello explica que Cuba desarrollara durante ese período un sistema de medios de comunicación de entre los más avanzados dentro del entorno latinoamericano, limitado a regiones geográficas y grupos sociales privilegiados.

Dentro de este contexto peculiar, el periodista e investigador cubano Julio García Luis señala la presencia «de una tradición de notables figuras, a la vez del pensamiento y del periodismo, polemistas y críticos brillantes que marcaron pautas intelectuales y éticas» (2004). Grandes plumas que enriquecieron la práctica periodística durante la República y dejaron un legado invaluable, muchas veces desconocido para Cuba y el resto del continente.

Este libro intenta ser un homenaje a todas las personas que en este país han apostado al viejo y a veces incomprendido oficio de contar el día a día. Recoge la obra de autores y autoras que hasta el momento no había sido compilada ni divulgada por editoriales locales ni internacionales. Además, se intentó que estuviera representada una variedad de temas, géneros y estilos abordados durante el período, así como el equilibrio en las voces de hombres, mujeres, personas afrodescendientes y de distintas procedencias.

El conjunto de firmas aquí recopiladas muestra la diversidad de pensamientos y luchas sociales de la época, como la inclusión racial, el feminismo y el sindicalismo. Intenta ponderar el trabajo reporteril de periodistas, que tal vez no tuvieron un estilo trasgresor, pero se encumbraron por el ejercicio constante, rápido y oportuno en la información de actualidad, así como a la hora de descubrir zonas ocultas de la sociedad de entonces.


El proyecto

La obra surgió como resultado de un proyecto investigativo en el que participaron profesores y estudiantes de la carrera de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, como un aporte al deprimido fondo bibliográfico sobre la historia del periodismo cubano, en especial el concerniente al período 1902-1958.

Con este propósito se seleccionó una muestra representativa de textos de los 38 autores, la cual fue precedida por una breve reseña sociobibliográfica de cada uno de ellos. La mayor parte de estas reseñas fueron tomadas de la Enciclopedia de Historia y Cultura del Caribe (ENCARIBE), iniciativa auspiciada por la Fundación Global Democracia y Desarrollo (FUNGLODE), de la República Dominicana, con la colaboración de la Cátedra «Juan Bosch» de la Universidad de La Habana.

Para llegar al resultado que hoy se presenta al público lector, el criterio de selección fue ajustándose hasta quedar conformado por los siguientes aspectos: las figuras recopiladas debían ser representativas del quehacer periodístico republicano; su obra debió trascender ya sea por su valor estilístico, el tratamiento de temas novedosos en su momento y/o el uso innovador de los géneros. Debía además encontrarse dispersa y poco visibilizada en el fondo bibliográfico cubano actual.

En la mayoría de los casos, se incluyeron trabajos que solo fueron publicados en diarios y revistas de la época-muchos de los cuales se encuentran en mal estado de conservación-para preservar en alguna medida la historia del periodismo impreso cubano ante el deterioro de los fondos en las bibliotecas del país.

Se pretendió establecer un balance en lo referente a las tendencias políticas de los autores seleccionados, las cuales van desde posiciones de vanguardia para la época en la cual desarrollaron su actividad periodística, hasta enfoques claramente conservadores. A través de los textos y los elementos sociobibliográficos de cada autor y autora, el lector puede sacar conclusiones críticas sobre el período y el pensamiento de cada uno de los periodistas antologados, así como del contexto ideológico de la época. Además, se incluyeron mujeres, y periodistas negros y mestizos, grupos sociales históricamente preteridos.

La selección pretende visibilizar temas y enfoques presentes en la agenda pública cubana de la primera mitad del siglo XX: el debate en torno a una cubanidad en permanente tensión entre la colonia española recién concluida y la creciente influencia económica y cultural de los Estados Unidos; el descubrimiento por parte de lo más lúcido de la intelectualidad cubana de la figura de José Martí(1853-1895), apartada del universo simbólico de los primeros años de la República; la lucha por la consolidación de instituciones republicanas que nacieron bajo la Enmienda Platt; la religiosidad y la defensa a la libertad de culto, entre otros.

La obra también debe entenderse como un producto abierto a la inclusión de nuevos autores, ya que quedaron pendientes destacados periodistas de la Cuba republicana.

Autores

Al pasar por el tamiz la amplia variedad de periodistas cubanos en la República, encontramos autores hoy casi olvidados a pesar de su estilo valioso y singular, como el maestro del reportaje Enrique de la Osa y Perdomo o José Antonio Fernández de Castro, con su inconfundible periodismo cultural, el intelectual de altos quilates Jorge Mañach Robato, el costumbrista Eladio Manuel Secades o José Manuel Valdés Rodríguez, quien regaló artículos pioneros de crítica cinematográfica en la prensa cubana.

Se unen aquí paradigmas del naciente periodismo moderno, como el osado Manuel Márquez Sterling, cuyo nombre encumbró la primera escuela de Periodismo del país, y el incansable activista en los derechos y la organización del gremio, Lisandro Otero Masdeu.

En otro orden, aparecen propietarios de periódicos que además se destacaron en el oficio, como José Ignacio (Pepín) Rivero, dueño de Diario de la Marina, de estilo polémico y representante de los sectores más conservadores de la Cuba republicana; el fundador de Prensa Libre, Sergio Carbó Morena, y el influyente comentarista Eduardo Abril Amores, quien creó varios medios impresos en el Oriente cubano y se hizo escuchar más allá de su territorio a través del santiaguero Diario de Cuba, en sus manos hasta 1959.

Otra voz que se destacó desde fuera de La Habana, en la ciudad de Artemisa, fue Fernando G. Campoamor Díaz, llamado el «Historiador del ron» por sus investigaciones históricas sobre la relación de esa bebida con la idiosincrasia cubana.

Se recopilaron además textos de Guido García Inclán, más destacado por sus inigualables alocuciones en la radio, y de José Pardo Llada, un sagaz reportero radial que en su madurez profesional se concentró en el comentario político desde diversas emisoras.

Las mujeres de la prensa están incluidas a través de las intelectuales Ofelia Rodríguez Acosta y Mirta Aguirre.

En tanto, la agenda de los afrodescendientes y sus aportes en busca de su inclusión en la Cuba de la época pueden apreciarse en los textos de Lino Dou y Ayllón, Gustavo Urrutia y Ramón Vasconcelos Maragliano, entre otros.

Aunque más recordados por sus aportes en otras áreas, aquí se visualiza la vida y obra de otros grandes periodistas como el historiador Emilio Roig de Leuchsenring, el diplomático Carlos Lechuga Hevia, el investigador Félix Celestino Lizaso, el crítico de arte Francisco Ichaso Macías, el economista Jacinto Torras, el catedrático Rafael García Bárcena y los escritores Félix Pita Rodríguez, Lino Novás Calvo, José Zacarías Tallet y Gastón Baquero. Y por último, aparecen textos de Raúl Cepero Bonilla, las crónicas deportivas de Víctor Muñoz Riera y los aportes en crítica de cine y teatro de Rafael Suárez Solís.

Quedaron sin referencia, por tener una obra ampliamente estudiada y publicada, autores como Pablo de la Torriente Brau, uno de los periodistas más destacados del siglo XX cubano y precursor de lo que hoy se conoce como periodismo de investigación, el novelista Alejo Carpentier, el poeta Nicolás Guillén, y los luchadores Rubén Martínez Villena, Julio Antonio Mella, Juan Marinello y Eduardo Chibás.

Otros nombres pendientes, que incitan a continuar la arqueología iniciada por este trabajo, son los de Salvador García Agüero, Luís A. de Arce, Pedro Arturo Acevedo, Amelia Hernández Clavareza, Calvert Casey, Carlos Dellundé Mustelier, Eduardo Varela Zequeira, Enrique Collazo y Tejeda, Horacio Rodríguez Suriá, Juan Francisco Sariol, Juan Manuel Márquez, Juan René Betancourt, Lorenzo de Castro, Lorenzo Frau Marsal, Manuel de la Cruz, Miguel Ángel de la Torre, Pablo Álvarez de Cañas, Rafael María Merchán, Raúl Valdés Vivó, Renée Potes, Ricardo de la Torriente, Rolando Masferrer, Ruy de Lugo Viña, Alfonso Hernández Catá y Vicente Martínez González, entre otros muchos que ameritan futuros acercamientos.

También hemos tenido que prescindir de textos publicados luego del triunfo de la Revolución, justo en el año 1959 o al siguiente, pero que merecerían quedar incluidos en un esfuerzo editorial que recoja la producción periodística de esa segunda mitad del siglo en Cuba: Luis Gómez Wangüemert, quien alcanzó fama nacional con sus comentarios radiales y más tarde en la televisión; textos de la «cubanita que nació con el siglo», Renée Méndez Capote, o la prosa limpia de Mariblanca Sabas Alomá; el escritor Andrés Núñez Olano; el Decano de la Prensa en Cuba, Juan Emilio Friguls Ferrer, precursor de la especialización en sociología religiosa; los trabajos económicos e históricos de Raúl Cepero Bonilla; y el excelente diarismo de Mario Ernesto Kuchilán Sol.

Período

Los estudios históricos sobre la prensa en Cuba han optado por seguir una periodización similar a la usada para dividir el acontecer de la nación, que se resumen en:

-Prensa colonial (1790-1868), que comprende desde el nacimiento del Papel Periódico de La Havana hasta el inicio de la primera guerra de liberación nacional.

-Prensa entre guerras (1869-1901), que abarca las luchas contra la colonia española y en especial el desarrollo de medios impresos mambises.

-Prensa republicana (1902-1958), marcada por el nacimiento del periodismo moderno, la radio y la televisión.

-Prensa revolucionaria (1959-actualidad), que espera por análisis más precisos sobre esta etapa muy reciente en términos historiográficos.

Sin embargo, la tercera etapa y centro de esta antología, en cuestiones periodísticas comenzó el 11 de abril de 1901, con la fundación en La Habana del diario El Mundo, considerado la primera empresa periodística moderna en el país. Este medio marcó la avanzada de importantes cambios tecnológicos, de composición y de la propia configuración noticiosa, que a la usanza anglosajona, muy pronto secundarían decanos decimonónicos como el Diario de la Marina, u otros como La Lucha y El Triunfo. El esquema sería adoptado también por las revistas de mayor circulación.

Al triunfar la Revolución en Cuba, el 1ro de enero de 1959, existían unos quince diarios de alcance nacional y una decena provinciales o locales, seis emisoras de radio nacionales y otras 146 locales, cinco canales de televisión en la capital del país y uno local en la ciudad de Camagüey. Había además tres noticiarios de cine y se editaban más de cuatrocientas publicaciones, algunas de las cuales se distribuían fuera de fronteras, como la revista Bohemia. No obstante, grandes zonas de la periferia urbana y las áreas rurales vivían al margen de este complejo sistema de comunicación.

Si bien el texto se circunscribe a la llamada etapa republicana (1902-1958), es preciso aclarar que se trata de una convención meramente didáctica, ya que la propia complejidad del período nos permitiría establecer subdivisiones al interior del mismo, así como deslindar procesos y actores en dependencia de su ubicación  geográfica, en especial las diferencias entre el espacio urbano y el rural.

Lecciones

Desde las páginas de esta antología se puede ver la figura del periodista en tanto actor prominente del espacio público. Todas las personalidades que aquí se reúnen tuvieron vidas fascinantes y estuvieron en la primera línea del mundo intelectual de la primera mitad del siglo XX cubano y latinoamericano. Leyendo estos textos se aprecia en ocasiones la distancia entre lo que se dice o se escribe, y la actividad política y social desarrollada por estos intelectuales.

El discurso revolucionario, junto al proceder más conservador, la traición a los ideales enarbolados en las páginas de los diarios, la alianza y la aceptación de los poderes del momento, son algunos de los elementos que evidencian la complejidad del alma humana, del periodista en su relación con la sociedad.

Hoy, el gremio pide en Cuba la renovación del sistema de comunicación pública cubano. «Sin los medios de comunicación no será posible lograr las transformaciones que el pueblo cubano se ha propuesto para hacer próspero y sostenible el socialismo», expresó Antonio Moltó, presidente de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), durante el congreso de esta organización profesional celebrado en 2013.

Diversas voces de intelectuales y periodistas, a través de revistas como Temas, Espacio Laical y numerosos blogs, apuntan que la prensa actual sufre de carencias materiales, limitado acceso a las fuentes de información, desprofesionalización y debilidades en el perfil profesional, excesiva regulación; se cuestiona que la estatal sea la única forma de gestión o se reclama un nuevo sistema de relaciones con los medios, así como la necesidad de contar con una Ley de Prensa. La población reclama que el país mostrado en la prensa local se parezca más al real, que no predominen las visiones positivas y aparezcan más análisis objetivos y profundos de la realidad interna.

Por otro lado, la lectura de los textos de la presente antología descubre una prosa que no es frecuente encontrar en las páginas de los diarios y las revistas cubanos, tanto por el contenido como por la forma. Muchos géneros, como la crónica y el reportaje, prácticamente no existen en los medios impresos nacionales y provinciales. También está casi ausente el periodismo de investigación. En cuanto al modo de decir las cosas, gran parte del periodismo cubano de los primeros años del siglo XXI está tristemente marcado por excesos de formalismo en el discurso, miedo a la aventura, uso de lugares comunes, triunfalismo, entre otros. Adolecemos de un periodismo más literario, inquisitivo, hedonista, placentero en el sentido más literal de la palabra. Y también, por supuesto, polémico e incisivo.

La sociedad cubana actual es cada vez más diversa e interconectada, no solo como consecuencia de la propia revolución tecnológica de la comunicación y la información que ha vivido el mundo contemporáneo, sino también, del empoderamiento paulatino de los diversos sujetos sociales, resultado de los crecientes grados de alfabetización y acceso en general a la cultura. Ello necesariamente condicionará un proceso de actualización de la esfera mediática cubana, con el propósito de insertarse de manera coherente en nuestra sociedad y en el mundo contemporáneo, donde la participación de la ciudadanía en el debate público es cada vez más frecuente.

El mundo en el que vivimos necesita de nuevos modos y palabras para ser representado. El periodismo, como actividad intelectual a medio camino entre el oficio y la creación artística en libertad, tiene hoy más que nunca una responsabilidad con la sociedad. Entre sus funciones sigue estando la proposición de mundos mejores y posibles, así como la inclusión de voces marginadas y excluidas. Con esta antología, singular rescate de las luces y las sombras de nuestro pasado más reciente, pretendemos contribuir modestamente a este ejercicio.

Referencias

García Luis, Julio (2004) «La regulación de la prensa en Cuba. Referentes morales y deontológicos». Tesis de Doctorado. Facultad de Comunicación, Universidad de La Habana.

Leal, Eusebio (2001) «No podremos entender la Revolución sin la República». Entrevista realizada por Pedro Martínez Pírez. Temas, no. 24-25, La Habana, enero-junio, pp.4-9.

Notas

I. En los estudios históricos cubanos, suele denominarse «República» al período comprendido entre 1902-1958, y «Revolución» a la etapa siguiente, de 1959 hasta el presente. Vale aclarar que Cuba continuó siendo una República después de 1959, pero de carácter socialista, el cual fue declarado en 1961.
II.  Ello no quiere decir que la oralidad fuera privativa de los sectores populares, ni la palabra impresa, de las élites. Al contrario, unos y otros se apropian de medios de expresión y soportes comunicativos, aunque en cada caso lo oral o lo impreso resultara predominante.

1 comentario:

  1. Muy interesante profe, ojalá lo pueda conseguir en FCOM para mi tesis, lo están vendiendo en las librerías?

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