lunes, 17 de agosto de 2015

¡Qué país!

Los periodistas deberían decirle a los políticos que mejor guarden pan para mayo, que así no se puede, que estamos en agosto, mes de playa, carnaval y gozadera, no de traje y agenda; que mejor ir poco a poco, una noticia cada vez, para no tener que extender la media hora del noticiero, que después les echan la culpa de que comience tarde la telenovela.

Y es que cuando la historia se acelera, la verdad que no tiene para cuándo acabar. Pero así es Cuba, que cuando no llega, se pasa.

¡Qué semana! Fidel Castro cumpliendo los 89 años, John Kerry guachineando en La Habana, y Nicolás Maduro dándose sillón con la Cilia, el Raúl y el Bruno, en lo que parece ser un salón de protocolo con decoración de Casa de la Cultura. Y cuando parecía que ya el sol se ponía detrás de un monte dorado, llegará el Francisco, el papa mediático, el Maradona-Cristo-Súperstar, a volver a agitar las ya intranquilas aguas del Estrecho.

Lo bueno (y lo malo) de Cuba es que nunca pasaba nada. Estuvimos treinta años en plan resistencia. Resistir es aburrido… pero muy fácil. De la cosecha de papa a los incumplimientos en la zafra. Un policlínico que se repara y los pioneritos comenzando otro curso escolar. Señores imperialistas, no les tenemos ABSOLUTAMENTE ningún miedo. Pero ahora brotan paladares y congresistas norteamericanos como los hongos en orine de perro. Y la Rampa capitalina que parece una tendedera de wifis conectados. Y tanto yuma dando cadera por las calles de La Habana… Nada, compañeros, que uno se pierde y no se encuentra.

El enemigo estaba claro, es el Enemigo. Los buenos, buenos; y los malos, malos. ¿Y ahora?

Bueno, ahora hay que hablar. Dicen que hablando la gente se entiende. Y si no se entiende al menos se entretiene. ¿Y de qué hablamos? De cualquier cosa. De la pesca del guajacón en el río Almendares, del calor que hace en La Habana, de los almendrones y del mojito.

Y los analistas escribiendo de todo: Victoria del socialismo mundial y de la diplomacia de la paz. Victoria de Obama y el capitalismo salvaje, que ya invadió el último bastión de la resistencia en el hemisferio occidental. Obama, negro mal nacido, que te dejaste coger por los Castro. Conversaremos de todo, pero no habrá ni McDonald's ni pollos KFC en La Habana. ¡No pasarán!

Y uno, mientras tanto, mejor calladito, que en boca cerrada no entran moscas, y en agosto hay mucho calor como para tomarse las cosas en serio. Después de todo es Cuba, la república del choteo y la buena vibra. ¿Y dónde están esas banderas? No lo sé, en Varadero quizás, tomando mojito.

lunes, 10 de agosto de 2015

El gorrión


Abres los ojos y ahí lo ves. Dos patas sobre tu frente, el cuerpito gris enclenque, un pico que parece incapaz de matar una mosca, y esos dos pequeños ojos, breves punticos de luz, los más tristes del mundo. Es un gorrión. Un diminuto gorrión de mierda.

No te dejes enternecer por su figura indefensa. No te ablandes. Muévete. Actúa. Saca rápido una mano del interior de la sábana. Y agárralo duro. Aplástalo. No importa que aletee. No importa que te mire con sus ojos suplicantes. Es un ardid. Es la máscara de gorrión endemoniado. Apachúrralo. Exprímelo. No lo sueltes hasta que deje de latir su corazón de porquería. Hasta que deje de vivir. No es el león Cecil. No es una pobre ave desclasada. Es un gorrión. Por dios, un gorrión. Mátalo pronto antes que haga contigo lo que hacen los gorriones.

Porque si el ave levanta el vuelo sobre tu habitación, si el gorrión abre sus alas y trina, ya todo estará perdido.

Porque si el gorrión vuela, sentirás el olor del café y el sonido de la lluvia en tu ventana; y la hora mágica que precede en Cuba a la salida del sol, el momento en que hay menos calor y más nostalgia; y la brisa marina; y el modo peculiar en que se ríe la gente; y esas calles barrocas y descocadas donde los habaneros viven a su modo, y que ahora imaginarás feliz, aunque quizás en algún momento te encerraran.

Porque si el gorrión vuela, los recuerdos serán menos grises y La Habana menos calurosa y enclaustrada; y la gente menos atormentada con el drama de una terrenalidad en extremo terrena; y entonces recordarás a los amigos que ya no están, y a tus muertos, y a aquellos que ya están por nacer.

Y el puto gorrión terminará preguntándote qué coño haces en una habitación diminuta y fría en algún lugar del ancho y amplísimo mundo.

Pero no. No hay derecho. Por eso la táctica es apachurrar al gorrión. Aplastarlo sin piedad. Que mucho se ha jodido uno para que ahora venga un gorrión de mierda a trinar nostalgia.

Lanza su cuerpo al inodoro y después desinfecta la escena del crimen con un pomo de dos litros de Coca-Cola del olvido. Si así lo haces, habrás vencido por hoy, por hoy al menos, que ya es algo. Porque mañana, con toda seguridad, cuando despiertes, el gorrión volverá a estar ahí.

lunes, 3 de agosto de 2015

Celebración de la escritura

Así lo afirma el poeta Juan Gelman:

“con este poema no tomarás el poder” dice
“con estos versos no harás la Revolución” dice
“ni con miles de versos harás la Revolución” dice
se sienta a la mesa y escribe.

El problema, pienso yo, es que ahora nadie lee ni nadie escribe. La gente, a lo sumo, textea. La gente, a lo sumo, navega en las aguas mansas de la multimedialidad. Hasta ahí. Cuanto más, Paulo Coelho y el manual de instrucciones del televisor. Dicen que somos una generación audiovisual. Y ya con eso podemos respirar tranquilos, y dejar a los libros acumulando polvo en el estante.

“El libro ha sido expulsado de la política”, nos decía el filósofo Bolívar Echevarría, “para participar en ella ya no se requiere ser ‘un hombre leído’ o ‘de libros’; por el contrario, el serio resulta un obstáculo, es un ‘defecto’ que hay que compensar con otras virtudes mediáticas de efectos demagógicos más contundentes. El político-ideólogo es una figura que corresponde irremediablemente al pasado”.

El libro, agregaría yo, ha sido expulsado de la sociedad toda, que es decir de la política en su acepción más abarcadora. La realpolitik, el arte de la dominación a base de espectáculo, el ejercicio de encantamiento tan característico de la sociedad de masas, se ha hecho siempre, desde los faraones hasta los políticos de twitter, a través de la emocionalidad, del sermón mesiánico de iglesia, del incienso, la mirra y las banderitas.

Pero la realpolitik, antítesis de un ejercicio de participación real en los asuntos públicos, no se combate con más de lo mismo. Se combate con ideas. Y las ideas, hasta que alguien pruebe lo contrario, están contenidas en la palabra impresa, el acto más completo de abstracción y síntesis del pensamiento humano.

Por eso escribes. Escribes porque siempre hay un día después de otro; y, con paciencia, la tinta horada piedras y entendederas. Escribes no porque te creas un iluminado que tiene la misión de llenar un cerebro vacío, sino porque estás lleno de dudas, y esas inquietudes (miles de ellas) las quieren compartir con gente que posiblemente estén cómodas y felices en su colchón de certezas. Escribes porque es justo y también porque es necesario moverle el suelo a la gente; porque si no escribes explotas. Escribes porque sí, porque crees en el valor de la palabra impresa, porque crees en la libertad del alma humana... porque desconfías del incienso y las banderitas. Escribes, como Gelman, para hacer la Revolución. O, al menos, para soñarla.