miércoles, 25 de marzo de 2015

Under the Dome. Notas sobre prensa y socialismo en Cuba para un día después de mañana

El tema de este coloquio [1] nos anima a debatir los grandes dilemas del socialismo en la Cuba de hoy, y entre esos importantes sujetos problémicos se encuentra, por supuesto, el sistema de medios de comunicación [2]. En el último medio siglo se ha producido una revolución en las tecnologías dedicadas a la producción y distribución de información, de un impacto solo comparable a la invención de la imprenta de Gutenberg en el siglo XV. En el caso particular de Cuba, la progresiva complejización de la trama social y la emergencia de nuevos actores, entre otros factores a tener en cuenta, pone en crisis el actual sistema de medios, con un organigrama en muchos aspectos similar al de la desaparecida Unión Soviética. Crisis entendida esta en un sentido gramsciano, es decir, una fase en la cual las estructuras existentes pierden sentido, al tiempo en que van surgiendo nuevas organizaciones y modos de hacer que las reemplacen.

A ello hay que sumar el cambio en las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, país con el que hemos mantenido a lo largo de más de medio siglo una relación tensa, y que desde el pasado 16 de diciembre, víspera de San Lázaro, ha comenzado a plantear nuevos modos de vecindad, que no implican una relajación del antagonismo, pero sí de las formas de convivencia, entre ellos muy especialmente lo referido al campo de lo simbólico. En ese parteaguas histórico nos encontramos precisamente hoy.

lunes, 23 de marzo de 2015

El Papa Ratzinger (o cómo logré quedarme en casa descansando un Viernes Santo)

El 29 de marzo de 2012, a las cinco de la mañana, La Habana ya está en pie. Acostumbrados a las concentraciones masivas, todo el mundo prepara en cuestión de minutos un kit de supervivencia básica: gafas y gorra para cubrirnos del sol (han aclarado que no podrá llevarse sombrillas a la “actividad”), una botella con agua, caramelos para equilibrar la glucosa en sangre, y el inevitable pan-con-concretas-nuestro-de-cada-día, que a eso de las nueve de la mañana, ya a punto de comenzar el acto, nos sabrá a gloria.

El punto de concentración es la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, desde donde marcharemos (en apretado y combativo cuadro) hasta el área que nos han asignado en la Plaza de la Revolución. Alguien me aclara que estas áreas son llamadas “corrales” en la jerga de los organizadores, por aquello de que todos somos el “rebaño” de Dios. No me gusta ser concentrado en un corral, por muy oveja de Dios que dicen que sea. Quizás Dios me fría en aceite de oliva hirviendo por este pensamiento, pero es la consecuencia de haber nacido en un país comunista: no me enseñaron a temerle a Dios, de hecho no estoy para nada seguro de su existencia… aunque me encantaría poder creer. Como afirma el poeta Emerson, si Dios no existiera tendríamos que inventarlo, pero nunca un Dios con espada de fuego en mano castigue al que no le teme. Prefiero quedarme con un dios de Greenpeace.

miércoles, 11 de marzo de 2015

Fronteras

Dicen los mexicanos que ellos no cruzan las fronteras, que son estas quienes los cruzan a ellos. El largo costurón militarizado de tres mil kilómetros, que divide a las Américas de costa a costa, es un invento tan reciente como la penicilina y el papel sanitario. Los hombres, que nacieron libres y libres morirán, vivieron siempre donde los agarró el sueño, aquí y allá, arriba y abajo. Hasta que un día las fronteras se fueron escurriendo en el mapa de la historia, un invento de la modernidad para acabar con las guerras inherentes a la atomización feudal y garantizar la paz del comercio, una artificialidad que condiciona nuestra existencia y nos hace ser como somos: Banderas. Himnos. Leyes. Pasaportes. Monarcas y Presidentes. Guerras y Lealtades. Todo marcado por las fronteras.

Nuestra isla, también frontera entre norte y sur, ha tenido en sus escasos cinco siglos de historia la movilidad de un barco trasatlántico. Nacimos anclados a las costas de España, no muy lejos de las Islas Canarias, apenas también a unas millas náuticas del continente africano. Pero nuestro archipiélago, tan pronto fue tomando conciencia del misterio de su individualidad, levó anclas y se acercó a los puertos de la ilustración francesa, inglesa y norteamericana. En el sueño de las élites culturales, fuimos menos españoles para ser menos barrocos y más modernos, aunque en el fondo la inmensa mayoría siguió siendo africana y española, mestiza sincrética y adoradora de oscuros loas que habrían espantado la ética protestante de Max Weber.

Con la República la Isla terminó tocando puerto en Nueva York y también en Boston y sobre todo en el caliente Cayo Hueso, tan cerca este y a la vez tan lejos de lo que somos y de lo que seremos. Y después, con la Revolución, volvimos al África fundacional y a una América Latina de la cual casi nadie hasta ese momento se había sentido parte; y Tricontinental mediante resulta que fuimos africanos y asiáticos, árabes e indígenas prehispánicos, tercermundistas en el sentido más abarcador y libertario del término.

La isla, que en tanto constructo insular nació con fronteras naturales de sales y vientos, isla limitada siempre a la circunstancia acuática, reconstruye hoy en día sus fronteras; y son de nuevo los hombres quienes trazan el mapa de una cubanidad contenida en once millones y medio de isleños en la isla, y expandida a su vez en tres millones más que se reparten a lo largo y ancho del mundo.

Y un día descubriremos que la isla, aparente materialización de lo aislado, es vórtice por donde todo pasa y a donde todo llega, que la isla es antítesis de frontera, de límite, de contención; sino que es puerta a incontables vínculos, puerto de puertos, portal comunicador entre norte y sur, entre este y oeste, entre las culturas de las cuales venimos y con las cuales dialogamos, llave, ahora sí, del Golfo y antemural de las Américas.

martes, 3 de marzo de 2015

El blog de Salvador Salazar, contra la altisonancia y el aburrimiento

Redacción IPS Cuba ipscuba@ipscuba.net

Tomado de:

(en IPS salió publicada una versión más breve, en el blog se incluye el texto íntegro de la entrevista)

Entrevista exclusiva con un bloguero cubano que respeta las opiniones del contrario, pero que cree en lo que cree y, por lo tanto, lo dice.

Salvador Salazar siempre soñó con tener una columna en un diario, pero la imposibilidad de encontrar un sitio de este tipo en los medios cubanos lo llevó a abrirse un espacio en la blogosfera. Se llama El blog de Salvador Salazar, así de lineal, porque dice su autor que sus letras son él, en estado puro. "Así pienso y así veo el mundo", asegura. "Escribo lo mismo para el cubano que espera al domingo para cocinar el pollo de la bodega, que para aquel con un carro parqueado a la salida del efficency en Miami".

Polémico, con amigos lo mismo en Venezuela que en Miami, que cree en la izquierda, en Marx, en Gramsci, y tan sincero que confiesa no saber bailar e importarle un comino que ganen en el béisbol los Industriales o Pinar del Río... Salvador Salazar accedió a dialogar con Cuba 2.0.

¿Qué te motivó a abrirte un blog?

Estudié periodismo porque me encanta escribir. Mi sueño ha sido siempre tener una columna en un periódico, en un gran diario de esos que se leen los domingos, en los que sale una pequeña foto del autor y un gran titular que lo dice todo. No había encontrado ese espacio. Nuestros medios tienen muy pocas páginas y yo no soy ni tan talentoso ni tan grande como para que me dediquen media cuartilla, una vez por semana. Está la Web, que es cierto que no llega a todo el mundo; pero ante la disyuntiva de no escribir o hacerlo para un público reducido, me quedé con lo segundo. Y se disfruta. Se disfruta muchísimo.

Creo que el periodismo debe ser serio. No mentir. No difamar. No insultar. Pero también debe ser hedonista, placentero. A veces, de tanta altisonancia, nos morimos del aburrimiento. Y se puede creer en el mejoramiento humano, en la utilidad de la virtud y en la dignidad plena del hombre y al mismo tiempo gozar en los carnavales. Ahí están Rubén Martínez Villena, Pablo de la Torriente Brau, el mismo Raúl Roa. Como dicen los españoles, ellos tenían salero, picaresca.

Hay un conjunto de palabras que yo desterraría del vocabulario periodístico: intransigente, glorioso, heroico, aguerrido, inquebrantable. Una cosa son las letras que se escriben sobre el mármol y otra el ejercicio de una profesión que debe enamorar al lector. Se puede decir lo mismo sin tener que ponerse uno el gorro frigio y cantar La Internacional.

El blog se llama de Salvador Salazar para remarcar, desde el cabezal, que no obedece a ninguna línea editorial, que soy yo en estado puro. Así pienso y así veo el mundo. Claro, no me olvido de mi contexto. Como diría Ortega y Gasset, soy yo y mi circunstancia. Quien escribe es un joven cubano, miembro de la Unión de Periodistas de Cuba, que le debe todo lo que es y todo lo que será a la Universidad de La Habana; que tiene amigos donde puede hacerlos, lo mismo en Venezuela que en Miami; que respeta las opiniones del contrario, pero cree en lo que cree y, por lo tanto, lo dice. Y yo creo en la izquierda, en Marx y en Gramsci. Me quedo con el Lenin pragmático de la NEP y, pese al triunfo sobre el fascismo en la Segunda Guerra Mundial, sepultaría a Stalin en el basurero de la historia. En muchos sentidos contaminó a la izquierda con una cultura verticalista más propia del imperio zarista que de la praxis libertaria que ha de acompañar a la revolución de los que nada tienen.

Escribo también para controlar la neurosis que provoca el paso del tiempo y el hecho de vivir en un barrio de mierda donde el tiempo es sinónimo de depauperación. Ahora estoy estudiando un doctorado en el DF mexicano, pero mis orígenes, lo que soy y lo que probablemente seré, están indisolublemente ligados a mi Lawton profundo, al polvo y al churre, a la cultura de la guapería y el reggaetón, a la desesperanza. Escribir es luchar contra eso.