martes, 27 de octubre de 2015

Roma

Me gusta oír a la gente cuando piensa que no la están escuchando. Las mejores historias de mi vida las he robado en un viaje en ómnibus entre la Víbora y el Vedado, o a golpe de taxi de a diez pesos. Los boteros son los mejores filósofos de la vida. Nadie como un botero para auscultar la realidad cubana. Nadie como un botero para soltar tres o cuatro frases lapidarias, que lo dicen todo sin necesidad de que te lo explique Marino Murillo en un power point. Los boteros en La Habana logran el punto exacto entre Marco Rubio y un Primer Secretario del Partido. La realidad cubana, escurridiza y tóxica como el mercurio, está siempre a medio camino entre el glorioso Granma y el pitiyanqui y mayamero Nuevo Herald.

Pero no. No de Cuba esta vez. Que fue en Roma. Que fue en una guagua de mierda. Llena como en Cuba. Atestada de sol y de turistas alemanes. Y allí dos españoles hablando de la vida. Dos españoles como dos cubanos, como dos habitantes del antiguo Congo Belga. Lo mismo da. Dos seres humanos hablando de sus cosas. Y qué historias. Un español alpinista que subió al Kilimanjaro; y que una vez, llegando casi a la cima del Monte Everest, lo agarró un deslave que se llevó a tres de por medio. Cadáveres en la nieve. Los cuentos del fin del mundo.

En Roma trabé conversación con un curita de pueblo. Un curita de esos recién ordenados a quienes les espera por delante una larga y pacífica existencia entre bautizos y responsos. Cómo explicarle a un curita de pueblo que si muero iré directamente al purgatorio de los no bautizados, que toda mi generación se saltó los óleos, que hasta 1992 vivimos en un país constitucional y socialistamente ateo; y que ya, a estas alturas del partido, yo estoy muy viejo y muy jodido como para pensar que un poco de aceite en la frente y un chorro de agua bendita me van a hacer un mejor hombre.

El Papa es otra cosa. Hice como la Montaña y me fui detrás de Mahoma. Me perdí al Papa en Cuba y logré ir hasta San Pedro, hasta el sanctasanctórum de la cristiandad católica. Roma son iglesias, iglesias tan viejas como el mundo, y allí, entre todas, ese San Pedro construido en toda su gloria para darle duro a tanto hugonote y a tanto descreído luterano. Francisco es de los míos. Es latinoamericano. Hasta el latín le sale gracioso. Pobre hombre, los grandes muros vaticanos se resisten a su reforma. La tiene difícil y lo sabe. En este mundo no abunda la gente honesta, y a los pocos que hay se la ponen compleja.

Magnífica decadencia la romana, ojala así termináramos todos. Roma, ciudad eterna, viene muriendo y naciendo desde hace dos mil años. Muere con gracia. Como La Habana, que aún no nace del todo y a veces la veo en las últimas. En Roma hasta la mierda tiene mil años. Y qué iglesias. Qué obeliscos. Qué fuentes. Llegué a la plaza Navona y ante los Cuatro Ríos de Bernini, y con un Beatles de fondo que un trovador se empeñó en tocar para manipularme emocionalmente a cambio de un euro, estuve a punto del éxtasis, que ni Santa Teresa con su Crucificado en brazos.

Todo es relativo. Todo. Lo descubres en Roma. De ser el centro del mundo por casi mil años a terminar en tres columnas rotas en medio de las ruinas del Foro. Pero la vida es bella. Bellísima. Y hay que vivirla. La vida es tan bella que necesitaríamos cien existencias humanas juntas para comenzar a entender lo que es la belleza. De ahí Roma. Los restos de una civilización pasada, toda su gloria y toda su ruina, el principio quizás de aquellas cosas que podemos o no ser. Qué importa. Por el momento su contemplación me deja algunas buenas historias que algún día contaré en el transporte público, para que alguien las escuche y quizás, con suerte, las cuente por mí.

2 comentarios:

  1. No frecuentemente encuentro un relato como este en internet que de verdad me guste...Me encanto Roma, felicidades, un gran placer leerle.

    ResponderEliminar
  2. Salvador, eres un cronista excelente, tienes un pluma tan fina, tan exquisita. Y los blogueros cubanos afanándose de sus "dotes" y haciendo grupillos elitistas. Y tú desde este rincón tienes una joya que no muchos encuentran, que no conocen ni promocionan. Felicidades... te leo siempre.

    ResponderEliminar