lunes, 10 de agosto de 2015

El gorrión


Abres los ojos y ahí lo ves. Dos patas sobre tu frente, el cuerpito gris enclenque, un pico que parece incapaz de matar una mosca, y esos dos pequeños ojos, breves punticos de luz, los más tristes del mundo. Es un gorrión. Un diminuto gorrión de mierda.

No te dejes enternecer por su figura indefensa. No te ablandes. Muévete. Actúa. Saca rápido una mano del interior de la sábana. Y agárralo duro. Aplástalo. No importa que aletee. No importa que te mire con sus ojos suplicantes. Es un ardid. Es la máscara de gorrión endemoniado. Apachúrralo. Exprímelo. No lo sueltes hasta que deje de latir su corazón de porquería. Hasta que deje de vivir. No es el león Cecil. No es una pobre ave desclasada. Es un gorrión. Por dios, un gorrión. Mátalo pronto antes que haga contigo lo que hacen los gorriones.

Porque si el ave levanta el vuelo sobre tu habitación, si el gorrión abre sus alas y trina, ya todo estará perdido.

Porque si el gorrión vuela, sentirás el olor del café y el sonido de la lluvia en tu ventana; y la hora mágica que precede en Cuba a la salida del sol, el momento en que hay menos calor y más nostalgia; y la brisa marina; y el modo peculiar en que se ríe la gente; y esas calles barrocas y descocadas donde los habaneros viven a su modo, y que ahora imaginarás feliz, aunque quizás en algún momento te encerraran.

Porque si el gorrión vuela, los recuerdos serán menos grises y La Habana menos calurosa y enclaustrada; y la gente menos atormentada con el drama de una terrenalidad en extremo terrena; y entonces recordarás a los amigos que ya no están, y a tus muertos, y a aquellos que ya están por nacer.

Y el puto gorrión terminará preguntándote qué coño haces en una habitación diminuta y fría en algún lugar del ancho y amplísimo mundo.

Pero no. No hay derecho. Por eso la táctica es apachurrar al gorrión. Aplastarlo sin piedad. Que mucho se ha jodido uno para que ahora venga un gorrión de mierda a trinar nostalgia.

Lanza su cuerpo al inodoro y después desinfecta la escena del crimen con un pomo de dos litros de Coca-Cola del olvido. Si así lo haces, habrás vencido por hoy, por hoy al menos, que ya es algo. Porque mañana, con toda seguridad, cuando despiertes, el gorrión volverá a estar ahí.

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