miércoles, 22 de abril de 2015

Panamá y el cambio de época

No estuve en Panamá, pero como el resto de los cubanos que nos sentimos parte de la sociedad civil, seguí con pasión el desarrollo de la Cumbre de las Américas a través de todas las vías que encontré a mi alcance, no solo los medios de comunicación tradicionales y alternativos, sino también a partir de lo que me contaron los amigos que tuvieron la posibilidad de asistir, y de los materiales que compartieron en las redes sociales. Y desde mi posición de obligado espectador debo decir que comparto la mayor parte de los puntos de vista que ha planteado el colega Fernando Ravsberg en su blog, un texto que ha tenido la virtud de convocarnos (y provocarnos) al debate.

Se trata de una discusión que excede con creces el derecho o no de Ravsberg a polemizar en las páginas de su blog, en mi criterio uno de los espacios más fecundos para acercarnos a los avatares de esta Cuba apasionante y compleja en la cual vivimos, sino que va de lleno a una reflexión en torno a los modos de hacer política en un contexto nacional y regional en extremo diferente al de hace apenas unos años.

Porque el escenario ha cambiado. La nueva relación que se está acordando entre ambos lados del Estrecho exigirá de un discurso cada vez más complejo, menos dado a las simplificaciones, con más argumentación y menos insulto.

Aquí nadie se pregunta si había que abrazar al asesino del Che, si había que hacer oídos sordos ante una provocación calculada en toda la regla. Pero considero que hay que tomar nota de la efectividad (o no) que tuvo el modo en que se asumió la confrontación, a través del recurso de la descalificación, del grito y del mitin-repudio. Sé que en otros espacios de la Cumbre en los que participó la sociedad civil cubana el clima fue diferente, pero por desgracia ahí está YouTube para recordarnos cuántas veces se desbordaron los discursos.

Los tiempos, pienso yo, exigen más política de salón y menos arenga de comisario político. Bajo el grito de “Pin-pon-fuera-abajo-la-gusanera” abandonaron el país miles de cubanos durante el éxodo del Mariel. Hasta donde yo sé, en su inmensa mayoría se trató de personas que decidieron separar su camino del proyecto revolucionario. Separar su camino. No poner bombas. En el fondo, gente que, como en todos los tiempos y en todas las circunstancias, se fue a hacer la vida del emigrante. Años tardamos en darnos cuenta de que cubanos somos todos. Los de Aquí y los de Allá. La única condición, como dijo Félix Varela, es el interés que tengan, que tengamos, por la prosperidad del suelo que nos vio nacer. De ahí que me chocara tanto la consigna. Escucharla fue regresar a una etapa felizmente superada.

Hay modos y modos de hacer política, modos y modos de marcar una posición. Hasta donde sé los integrantes del proyecto Cuba Posible defendieron sus puntos de vista sin necesidad de poner en tensión las cuerdas vocales. Vi también las declaraciones que ofrecieron Elier Ramírez y el ministro Rodrigo Malmierca al canal de noticias NTN24, una televisora colombiana cercana a las posiciones políticas del uribismo. Por más que el reportero insistió en descalificar a priori el proyecto político y social de la Revolución Cubana, los entrevistados ofrecieron sus puntos de vista con una ecuanimidad admirable. Aprovecho para felicitar al presidente Raúl y al equipo cubano que está conduciendo estas negociaciones con una paciencia, una humildad y una empatía francamente dignas del pueblo grande que somos.

Todo indica que nos encontramos a las puertas de un cambio de época, signado por un nuevo enfoque en las relaciones con los Estados Unidos. El estudio de la historia, más que certezas, al menos a mí, me aporta vitales incertidumbres, el misterio de la posibilidad. Y eso es Cuba, posibilidad de futuro. Si vamos a nuestro pasado reciente, habría que recordar que después de Baraguá llegó la Tregua Fecunda, y el proyecto de nación surgido en los campamentos se complejizó en las tertulias y en el debate público, en la ensayística y en la novela histórica. Se siguió soñando (y luchando) por la independencia pero desde otras condiciones históricas y a través de otras prácticas. No olvidemos que en este contexto fructificó el pensamiento de José Martí, el héroe fundacional de esta patria-isla-archipiélago-globalidad aún en construcción.

La supervivencia y total consecución de un proyecto de país anti-neoliberal, solidario, inclusivo, de hombres y mujeres libres, cultos y saludables, ha de pasar por el fortalecimiento de un aparato político, económico e institucional para tiempo de paz, y ello se relaciona con el fortalecimiento de una cultura del debate, de una cultura que haga uso de la retórica, no vista esta como el ejercicio del hablar por el hablar, sino el arte de la elocuencia, el ejercicio feliz de la polémica, la cual pasa también por la capacidad de escuchar.

Panamá fue solo el primer ensayo de una nueva época en la que muchísimos cubanos depositamos nuestros deseos de reconciliación y diálogo. Reconciliación con los que quieren la prosperidad de la patria. Antagonismo civilizado con todos, especialmente con quienes nos adversan.

1 comentario:

  1. Felicidades por este artículo tan acertado. Muchos dirigentes de Cuba deberían tener en cuenta cómo piensan los jóvenes que como tú, mirar al futuro, en lugar de los que sólo saben repetir, repetir y repetir.

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