lunes, 30 de septiembre de 2013

Un sábado en Caracas


Comencé la mañana con un periódico y una taza de café con leche en una terraza de la avenida Francisco de Miranda. Todo très bourgeois. Como esta parte de Caracas, llena de librerías, tiendas de delicatesen, bares y cafés. La burguesía latinoamericana, que heredó el gusto por la belleza de los aristócratas europeos, tiene un doctorado en esto de gozar la vida. Lo demás es retórica de café con leche, justo como el que me estoy tomando en esta terraza de Chacao, a años luz de la lucha de clases y la guerra económica que por estos días azota a Venezuela.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Violencia

En la parada de la guagua una anciana arrastró por el brazo a su nieta, que jugaba en un rincón sin meterse con nadie. La haló. La vapuleó. La empujó hasta un banco y le dijo se quedara quieta. La vieja, indiferente al dolor, mientras la niña lloraba para que la dejaran seguir jugando. La vieja (con alma de vieja) le hizo saber a su nieta que ella era toda la autoridad, la suma pontífice, la representante del poder en aquella destartalada y triste parada de ómnibus, el agua en el desierto habanero, el alfa y la omega. Y la nieta no era nada. Pura plasta. Caca. Un animalito inválido y llorón a quien sólo le quedaba lamentarse en silencio.

—Porque si gritas te pego más fuerte. Si lloras te pego igual. Así que silencio y obediencia. Piernas y brazos quietos. Anúlate. Suprímete. Apachúrrate. Vuelve a ser feto. O mejor, no seas.

Y lo más triste es que seguro la vieja no tiene la culpa por ser una bandida, una psicópata en toda la trágica extensión de la palabra. La vieja tuvo una madre y una abuela que la vapulearon con total entrega, un marido que ejerció sobre ella toda la violencia posible; e incluso hoy, cuando ya había pasado por todo en esta vida, unos hijos que la van a ver sólo de vez en cuando, y el día en que lo hacen, es para traerle al curiel de mierda ese que es su nieta, una niñita delgadita y triste, igual que lo fue ella sesenta años antes, cuando todavía no era una vieja de mierda, cuando todavía tenía ilusiones, cuando aún creía que el amor era capaz de engendrar la maravilla.


lunes, 16 de septiembre de 2013

Otoño

Me fui a comer pizza y a ver la podredumbre que circunda los restaurantes de moda del Barrio Chino de La Habana. Todo un poema. La mierda y los bicitaxeros junto a la mejor pizza del mundo. Mi reino por una crema de champiñones y una tabla de quesos con frutos secos. Por un momento, justo después de comerte la pizza y antes de pagar la cuenta, logras evadirte del calor, de los traumas que se acumulan, de la neurosis, y en el restaurante climatizado la vida se torna perfecta.

Brindas con refresco de cola o con vino, con agua carbonatada o con esperanza. Venga la esperanza. De cualquier color. Lo importante es que las copas choquen y que por un instante se detenga el tiempo. Como un orgasmo. Durante una milésima de segundo el hombre de las cavernas olvida la humedad de su cueva, el esclavo el sonido del látigo, el labriego el sabor del ajo y el lecho apestoso a la sombra del campanario; el proletario de Marx, la tuberculosis y el hacinamiento de las barracas junto al Támesis. Y yo, que también tengo un corazón que late, me olvido de mí mismo. De lo que soy y de lo que podría haber sido. De lo que seré.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Cintas amarillas

A René González, héroe nacional de este lado del Estrecho y espía convicto para los grupos anticastristas de la Florida, se le ocurrió desempolvar la esperanza con un acto de comunicación que ha movilizado voluntades en toda la Isla. René pasó casi quince años en cárceles de los Estados Unidos. Fue acusado y condenado por espiar a grupos que proponían la caída del gobierno cubano mediante acciones violentas. Sin embargo, no se le pudo probar que su accionar pusiera en riesgo la seguridad de los Estados Unidos. Bastaba entonces un canje de espías, como se procede siempre desde los tiempos de la Guerra Fría, pero el diferendo y la bobería hicieron lo suyo. Fue el rehén de una política de enfrentamiento sistemático que lleva ya más de cincuenta años. Y que, francamente, aburre.

lunes, 2 de septiembre de 2013

Una foto de cumpleaños

La madre, que está haciendo funciones de primera secretaria en esta modesta celebración, ha dado la orden de avanzar hacia el pastel. Veinte niños se arraciman de un lado de la mesa, de modo que quede abierta para la fotografía de rigor la cuarta pared del teatro. Frente a los niños se despliegan cincuenta centímetros cúbicos de merengue y panetela. Rodeando el cake, igual que los menhires de una mezquita, cuatro botellas de refresco de cola nacional, y si hay pobreza (que a veces la hay) cuatro botellas de refresco instantáneo de uva, que asemeja el color de la Coca-Cola, y al final es para la foto.