lunes, 29 de julio de 2013

La (mala) educación

La infancia se extingue. Ya apenas si queda tiempo para soñar con castillos y princesas. Salgari ha muerto. Y Verne. Y Alejandro Dumas. Y la cabeza de Sherezada terminó cortada en un canasto a manos del sultán, quien no tuvo paciencia e interés por continuar la historia la segunda noche. Si acaso, Harry Potter, y más por las palomitas de maíz del multicine y los efectos en 3D, que por la magia trepidante de la historia.

lunes, 22 de julio de 2013

Apología del sofá

Como Homero Simpson. Terminé dormido y babeado en el sofá de la sala. Son las cinco y pico de tarde, y la televisión trasmite un concierto del grupo español Mocedades, con una estética ochentera que parece salida del libro de fotos de la boda de mis padres. Muchas hombreras, pelos rizados, bigotes a lo Pedrito Calvo y las mujeres con unos vestidos cuyo diseño evoca las cortinas de un teatro. El ventilador que apenas mueve la atmósfera cargada, la tormenta a punto de caer sobre La Habana, y Mocedades con el aquello de “eres tú como el agua de mi fuente…” Nada más que pedirle a una tarde aburrida de verano.

lunes, 15 de julio de 2013

Mariposas y peces

Ayer amaneció una mariposa muerta en mi ventana. Una mariposa bruja, grande y de color oscuro, visitante nocturno que terminó su primera y única jornada de existencia con los primeros rayos del amanecer. Las mariposas viven muy poco, apenas si lo hacen. Debe ser una gran jodedera pasarse la vida como gorda y sedentaria oruga consumidora de hojas, meterte después en una crisálida más estrecha que un apartamento “afectado” de la urbanización de Alamar, y finalmente cuando abres las alas y vuelas al sol (o a la luna, como fue el caso) venir a morirte. Es como si se cayera el avión que te conduce a tu primer viaje fuera de fronteras.

lunes, 8 de julio de 2013

Celebración de la periferia

Tenemos que prohibir que los almendrones (taxis por puestos) circulen por la Avenida del 10 de Octubre, la arteria populosa y decadente que conecta a la ciudad de norte a sur. Porque el viajero que transite desde el céntrico barrio del Vedado hasta la pueblerina estación de La Palma termina deprimido ante la vista de tanto derrumbe, porquería, abandono, tristeza y decrepitud.

O peor aún, la exposición continuada a este escenario natural de la desgracia humana termina incorporándose a nuestro modo de vida; y cuando el espíritu se acostumbra a la infeliz contemplación de la mierda, al punto de verla como una realidad inevitable e inherente por tanto a la vida cotidiana, el ser humano se aleja cada vez más de su condición de ser pensante. Porque la vida humana es la oportunidad de disfrutar y crear belleza, o simplemente -al menos vida- no es.