domingo, 21 de abril de 2013

Venezuela, elecciones presidenciales, una visión muy personal

Texto publicado en http://www.cubahora.cu

Cuando visitas Versalles, el palacio de la monarquía absoluta francesa, terminas preguntándote por qué demoró tanto en estallar la Revolución de 1789. Cada puerta, cada espejo, cada moldura de las tantas que decoran al palacio más fastuoso de Europa, simbolizan la explotación ingente a la que estuvo sometido por siglos el pueblo galo, el famoso Tercer Estado compuesto nada menos que por el 99 % de la población francesa de la época.

Esa misma pregunta, pero en este caso por contraste, es la que se hace el visitante cuando el avión se acerca al aeropuerto internacional de Maiquetía, y la primera visión que tiene de Venezuela son los cerros populares, las pequeñas casitas que se aferran de modo precario a las laderas que rodean el Valle de Caracas. La revolución en Venezuela no fue un capricho de hombres visionarios como Hugo Chávez, sino una necesidad histórica, una tarea pendiente desde la época de los padres fundadores de la patria americana.


Revolución que tuvo como objetivo esencial el reparto equitativo de la renta de uno de los países con mayores recursos naturales del mundo. La política social de catorce años de gobierno chavista se ha traducido básicamente en una implementación de misiones sociales en materia de salud y educación gratuitas, alimentación y empoderamiento ciudadano. Los resultados hoy día se encuentran a la vista: ha disminuido abismalmente la indigencia económica y cultural en Venezuela.

Por supuesto, son todavía mayúsculos los retos a enfrentar. El subdesarrollo cultural no se erradica con la misma facilidad con la que se suprime el hambre o la falta de acceso a la salud pública. La inopia mental, y las prácticas simbólicas a ella asociadas (corrupción, violencia, indisciplina) son resultado de siglos de inequidad, de explotación sistemática, de políticas encaminadas a invisibilizar a los que nada tienen. Cada proyecto económico, político y cultural emprendido por Chávez estuvo sometido no sólo a la resistencia activa y consciente de la burguesía nacional, sino también a estos males. De ahí que precisamente lo que hoy se discuta en el terreno público es la continuidad de esta lucha por la emancipación mental, o la vuelta a políticas y prácticas tradicionales.

Sin embargo, y más allá del contexto electoral, el mayor aporte del chavismo ha sido en el terreno simbólico. La pobreza ha dejado de ser una mala palabra; los indigentes, los parias de este mundo, ya no se esconden debajo de la mesa. El ejercicio de la política no es ya el monopolio de una clase o de un grupo social tradicionalmente empoderado, para volverse una actividad cada vez más pública. En todos estos días la política ha estado en el centro de la actividad diaria de los venezolanos. La gente en la calle opina en torno al país que quiere y defiende, con la pasión del que sabe exactamente lo que está juego.

Cuentan que en la Francia revolucionaria los que sabían leer se ubicaban en las esquinas y plazas públicas para comentar los diarios del día a las masas. En América Latina, por el contrario, el discurso político se expresa mayoritariamente en símbolos visuales y sonoros. Carteles y canciones recorren Venezuela. La campaña política es también un espectáculo: se canta, se baila, se representa en la vestimenta la filiación política.

A las doce de la noche del jueves 11 de abril terminó oficialmente la campaña política por la máxima magistratura de la nación suramericana, unos comicios que si bien se consideran como los más cortos de la historia republicana de Venezuela, también están entre los más intensos. El visitante que por estos días recorre las principales ciudades del país, sabe que de un modo u otro está presenciando uno de los momentos más trascendentales de la historia de América Latina. El Tercer Estado, los pobres de este mundo, están decidiendo acerca del país de su futuro.

sábado, 20 de abril de 2013

Alfredo, un abrazo en donde quiera que estés

Se confesaba seguidor de Maximilien Robespierre, el primero de los jacobinos, y de Paul Lafargue, el yerno santiaguero de Carlos Marx. Afirmaba a quien quisiera escucharle que el socialismo es ante todo posibilidad de mundo mejor, horizonte no concretado, pero destino tangible. Nunca lo escuché decir que creyese en la resurrección de la carne, pero estaba convencido de la refundación de las ideas. No por gusto insistió en que en un cuadro del pintor Mariano Rodríguez, titulado precisamente “La Resurrección”, presidiera las jornadas del último Festival de Cine de La Habana.

Alfredo se sentía a gusto entre poetas, escritores y pintores. Leía a los clásicos de la filosofía y aún soñaba visitar, por última vez, el París de su juventud. Los libros lo acompañaban a todas partes, desde gruesos tratados de historia del arte, ensayos políticos, y las últimas novelas que los amigos le hacían llegar desde diversos lugares del mundo. Siempre concebía nuevas ideas. Por eso, a los 88 años con los que murió, era aún un muchacho joven, que lo mismo podía citar fluidamente a un autor francés que mandarte al demonio si así lo consideraba pertinente, con una cubanía universal que pocas veces se ha visto en nuestra Isla.

jueves, 18 de abril de 2013

Qué viva la Revolución

Es domingo 15 de abril en Venezuela. Frente a mí, como sonido ambiente, un televisor que trasmite los últimos sucesos de la campaña electoral. Nicolás Maduro versus Henrique Capriles peleando el sillón dorado de Miraflores. Grandilocuencia. Verbigracia. Llamados que todo el mundo lanza al pueblo. A votar temprano. A votar tarde. A no comerse los votos como hicieron dos incivilizados en Maracaibo. A escupirlos cívicamente dentro de la urna electoral. A aceptar los resultados. A no aceptarlos. A la concordia. A la revuelta. Mensajes que llegan al teléfono móvil convocando a las barricadas o celebrando la victoria. Fuegos artificiales que inundan el cielo de la ciudad tres horas antes de que el Consejo Nacional Electoral (CNE) proclame oficialmente al vencedor. Todo el mundo canta. La Marsellesa, el Ça ira, o el himno de la Falange. Se canta y se celebra. Y todo siempre es histórico, patriótico, altisonante, frigio.

Y yo, por coincidencias de esta vida, me paso el domingo electoral leyendo Los dioses tienen sed, el libro de Anatole France inspirado en la fase jacobina de la Revolución Francesa. Nihil novo sub solis. Al joven y apasionado revolucionario Evariste Gamelin, protagonista de la novela, te lo puedes encontrar paseando por la avenida Bolívar de Caracas. No pasarán. Nunca pasarán. Pero al final pasan, a veces de manera no tan evidente como un Muro que cae en Berlín o las trincheras rotas del Madrid republicano. Lo curioso es que pasan pero ya nunca las cosas volverán a ser igual. Después de Luis XVI guillotinado no vendrá otro monarca absoluto. La gente se acostumbra a mirar el sol de frente sin encandilarse.

viernes, 12 de abril de 2013

La chusmería

Estoy atravesando los portales con olor a orine del Museo de Bellas Artes (Arte Universal). Entre el antiguo palacio del Centro Asturiano, sede actual del museo, y la cercana Manzana de Gómez existe una plaza adoquinada. A esa hora del día, diez de la mañana aproximadamente, el lugar está lleno de turistas sacando fotos, vendedores ambulantes y gente de toda índole. De momento una muchacha de doce o trece años se para en el centro de la plaza. Lleva uniforme de tecnológico ajustado a la posmodernidad habanera del siglo XXI. La falda diez centímetros por encima de la rodilla, la blusa apretada y con los primeros botones abiertos enseñando un busto, ya no de niña impúber sino de madona renacentista. Bajo el brazo una carterita minúscula y provocativa, más de prostituta de puerto que de estudiante de enseñanza tecnológica, carterita donde a lo sumo cabrán tres preservativos y una caja de Hollywood mentolados (uno de los cuales está fumando), pero nunca, nunca, una libreta y mucho menos una buena idea.

jueves, 11 de abril de 2013

Literatura

El otro día me topé con Las horas, la novela de Michael Cunningham que explora el universo de la escritora británica Virginia Woolf. Me quedé prendado con algunas de sus imágenes. Describiendo a alguien decía: “feliz e incansable como un perro pastor que corre a recoger un palo”. Simple pero genial: la mejor imagen que he leído del típico triunfador tonto (o tonto triunfador).

Lo otro es el tempo: se trata de una historia donde no pasa nada. Los protagonistas se trasladan de una escena a la otra. Lo importante no es lo que ocurre (el culto a lo factual que ha sido llevado al límite por la teleserie y el filme hollywoodense) sino las sensaciones que se van viviendo: el transcurrir (existir) de los personajes, los sonidos, los gustos, los olores…

Un buen libro tiene la misión de destruirte, de obligarte a pensar en ti y en lo que eres, a concebir lo que has sido y lo que podrías ser. Hacía mucho tiempo que no leía otra cosa que serios volúmenes de teoría de la comunicación, y a lo sumo algunos cables noticiosos y artículos provenientes de la blogosfera, un pequeño respiro entre tanto Martín-Serrano y Martín-Barbero. Pero la literatura es otra cosa. La literatura es mágica. Es libertad. Total libertad. A veces la vida adquiere sentido después de un buen libro. Otras lo pierde, lo cual es incluso mejor que lo primero, porque sólo desde la crisis se construyen nuevas alternativas.


domingo, 7 de abril de 2013

Cuba... esa idea

Mi país es ante todo una construcción mental. La isla-puente imaginada entre la modernidad europea, la anarquía caribeña, y la América continental con su milenarismo indígena. Somos una nación reciente, un pueblo nuevo como diría el antropólogo brasileño Darcy Ribeiro, convergencia de genes y culturas que han traído las corrientes a estas costas del Caribe.

Alguien decía, y no sin razón, que los cubanos vivimos en un país con una historia más grande que su geografía. Basta visitar pueblos como Guáimaro y Jimaguayú, humildes caseríos, donde sin embargo se proclamaron constituciones ultraprogresistas, o hechos heroicos como la quema de la ciudad de Bayamo, la libertad de los esclavos; episodios que parecen sacados de las guerras entre aqueos y troyanos, romanos y cartaginenses, pero nunca mambises desarrapados contra adolescentes ibéricos que Madrid enviaba a morir de fiebre y añoranza al trópico antillano.

viernes, 5 de abril de 2013

Día 9. Baño de pueblo

Acabo de llegar a mi habitación. Cierro la puerta y del otro lado queda la Venezuela en campaña. Respiro agradecido la penumbra refrigerada de mi cuarto de hotel. Más o menos confortable, todos los hoteles tienen un aire impersonal, una mezcla de aromatizante y humedad, de mucama apresurada y sábana hervida. Los hoteles, desde el Cinco Estrellas Plus hasta el más humilde tiradero suramericano, son lugares concebidos para gente que siempre está de paso. Me quito los zapatos y dejo que mis pies se deslicen por el suelo frío. Afuera hay 35 grados de calor y un sol africano que aplasta. Enciendo el televisor y escucho los últimos discursos de los candidatos…

Vengo de atravesar la avenida Bolívar de punta a punta, principal arteria de la ciudad de Maturín. En Venezuela, lo mismo que nosotros con José Martí, todas las calles principales llevan el nombre del Libertador de América. También las escuelas, la moneda, los hospitales, y una larga lista de etcéteras que hacen de Bolívar parte integrante y presente del pan venezolano nuestro de cada día. Pero la avenida Bolívar de Maturín, que ya de por sí es barroca, en estos días de campaña electoral lleva su locura a grados inimaginables.

miércoles, 3 de abril de 2013

Día 11. En campaña

 
Ayer, martes 2 de abril, inició oficialmente la campaña por la primera magistratura en el bolivariano, petrolero y latino Estado de Venezuela. Tres adjetivos que expresan la esencia de un país inmenso que cuenta con todos los climas, todas las razas, y todos los grupos y clases sociales, desde el multimillonario hasta el indígena muerto de hambre.
 
Si lo nuestro en Cuba es un ajiaco (caldo hecho a base de diversas carnes y viandas), en Venezuela la nacionalidad se podría representar en el pabellón, uno de los platos típicos del país caribeño, compuesto por arroz blanco, caraotas (frijoles negros), carne mechada (pernil o falda de res en hilachas), y tajada (plato macho frito) que da color y balancea el plato. El ajiaco es mezcla, en el pabellón cada componente coexiste junto al otro. Como Bolívar, el petróleo y la latinidad de frontera.

martes, 2 de abril de 2013

Día 12. Telenovela

El humilde guardaespaldas de la residencia se enamora perdidamente de la señorita con tetas de silicona. Y la señorita le corresponde al guardaespaldas. Tendrán 400 capítulos para concretar un amor dividido por las diferencias sociales y la envidia de un equipo de malos (malísimos) que harán hasta lo indecible por separar a los amantes. Él, viril, gimnaseado, intercepta a la bella señorita en la escalera de la residencia. La mira desafiante hasta que finalmente la agarra y la besa con pasión. Ella se resiste pero al final se deja besar. Tres minutos dura el beso, hasta que ella lo aparta, le propina una cachetada y dice: -Nunca más se atreva usted a ponerme un dedo encima-. Corte y pausa publicitaria.

Gracias a un producto mágico ya no será necesario planchar. Todo está garantizado. Podrás incluso dedicarle a tus hijos el tiempo que antes tenías que emplear en el planchado. Ahora no se trata de que quieras o no ahorrarte la penosa tarea de estirar la ropa, es que como madre tus hijos te necesitan. Comprando ese producto milagroso estás invirtiendo en tiempo para el cuidado y la educación de los pequeños. Y cuando tu esposo-proveedor llegue esa noche cansando de trabajar en la oficina, tendrá ya sus camisas listas y a ti menos fatigada, y por lo tanto con más ganas de hacer el amor.