lunes, 25 de noviembre de 2013

Lawton

Un alcohólico por cada cinco habitantes y un panadero ilegal por cada tres. O te mueres del hígado o de una subida de presión por comer tanta harina. Tamalero. Tamales. Tamales calientes. Jarros, haraganes, palitos de tender, juntas de olla, aromatizante. Dale, que llegó el pollo de dieta. Sacaron huevos en la Calzada. Échale desincrustante al baño, y si no se le cae la costra se lo dejas de un día para otro. Eso que sale en la pared es humedad, por mucho que pintes no se le va a quitar, porque dicen que este barrio lo construyeron encima de un pantano.

El mes pasado recogieron la basura. Se la llevaron toda. Y la esquina quedó absolutamente limpia. Durante media hora, y con algo de imaginación, parecía la calle de un barrio de clase media en Toulouse, todo organizadito y sin rastro de caca. Llegó entonces la primera carretilla de escombros, y la yerba de un patio de más allá, y media libra de cáscaras de plátano, y el vómito y las heces de alguno de los borrachos de turno. Y nada, el polvo que vuelve al polvo, la mierda a la mierda, y nosotros a lo que somos.

 
La semana que viene, con toda seguridad, volverán a limpiar la esquina. Traerán una buldócer y tres camiones para recoger la porquería. El ciclo de nunca acabar. ¿No sería más barato recoger diariamente la basura? Anoche, cuando fui a botar los desperdicios, vi junto al tanque una rata muerta. Grande y muerta. Más que cubana, parecía un roedor de Manhattan o de Londres, una rata del primer mundo. Entre patica y patica podría tener un letrero de Made in China. Bendita globalización que hasta las ratas imitan a las botellas de Coca-Cola.

En el poste de la luz algún gracioso puso una calabaza de Halloween. Es raro, porque en el barrio las calabazas que se ven en público forman siempre parte de una ofrenda religiosa. Qué vivan todos los santos. Las deidades africanas amancebadas con las figuras de yeso del altar católico. Larga vida a los santos y que suenen los tambores. Maten al chivo, y a dos gallinas, una paloma, que corra la sangre y sea grande el sacrificio. A ver si nos llega la buena.

Llueve. No es verano pero igual llueve. Sólo que no hace calor. Lleva dos días lloviendo y todo es humedad. Pronto llegarán las hormigas y el olvido, como en Macondo, y nos saldrá liquen bajo los brazos. Debajo de mi refrigerador se fue a dormir el gnomo del patio. Se estaba ahogando entre tanto fango. Le cobraré la renta al gnomo, y con ello pagaré algunos de los 50 plazos de 62 pesos que aún le debo al banco por mi Haier de dos puertas. Si me muero, mis hijos pagarán la deuda, y después los hijos de mis hijos… y un día alguno de mis descendientes se preguntará cómo es que están pagando todos los meses un dinero por algo que ya no existe. El refrigerador, todito él, representa la deuda externa de las naciones de Latinoamérica, contraídas cuando la gente aún soñaba con la Carretera Panamericana, con Brasilia, y con hacer turismo en un avión de dos hélices.

Terminé tarde el trabajo en el Vedado y vi cómo la ciudad, mágica, se iba encendiendo. Extrañé vivir en el centro, tan cerquita del mar y tan lejos de Broadway, pero igual con mucha, muchísima, poesía. Durante el regreso a casa, la avenida 10 de Octubre era a esa hora un caos de ómnibus y almendrones. Olía a tristeza y decrepitud, a caldero viejo.

Pero yo ya no huelo. Lo bueno, lo genial, es que te acostumbras a no oler, a vivir el presente. A vivir. Pero para hacerlo hay que detenerse, tomar aliento, contemplar el paisaje. El patio de mi casa es ahora una fiesta de verdor sitiado por un universo kafkiano. No es el jardín de Dulce María Loynaz, pero a mí me basta. Me oxigena. Me libera el verde, la naturaleza que estalla en este rincón tropical del mundo. Ahí está la casa, la vida, la gente que viene y va, que entra y sale, el mundo comunitario de los barrios.

De fondo, desde la casa de un vecino, Marco Antonio Solís jodiéndome la existencia. La música no te la quita nadie. Cómo se sufre y se goza con la industria cultural del barrio. La voz ronca de uno de los cantantes de Gente de Zona fundiéndose con un José José dos casas más allá. Letanías. Ruido ambiente. Como los pregoneros que pasan frente a mi puerta. Tamalero, tamales. El pan francés, si lo pruebas me compras tres. Mantequilla. Queso crema. Tartaletas. Todo mezclado. Como es Lawton.

4 comentarios:

  1. Estimado Salvador,

    Soy Natalia, Responsable de Comunicación de Paperblog. Quisiera disculparme por dejarte un comentario en el blog, pero no he encontrado otra manera de contactarte. Tras haberlo descubierto, me pongo en contacto contigo para invitarte a conocer el proyecto Paperblog, http://es.paperblog.com, un nuevo servicio de periodismo ciudadano. Paperblog es una plataforma digital que, a modo de revista de blogs, da a conocer los mejores artículos de los blogs inscritos.

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    Espero que te motive el proyecto que iniciamos con tanta ilusión en enero de 2010. Échale un ojo y no dudes en escribirme para conocer más detalles.

    Recibe un cordial y afectuoso saludo,
    Natalia

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    1. Estimada Natalia, yo encantado de participar en el proyecto, es para mí un placer. Disculpe la demora en responder, me es muy complicado el acceso al blog por el tema de la velocidad de conexión, por eso es que desgraciadamente casi nunca puedo responder a los comentarios, aunque los agradezco de todo corazón. Un abrazo grande y ya sabe que tiene mi consentimiento.

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  2. Hola, me acerco a tu blog luego de la referencia en la TV nacional, y la verdad me ha parecido fenomenal. Sobre todo esta crónica, una verdadera muestra de escritura sagaz. Buen blog.

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