lunes, 4 de noviembre de 2013

En defensa del 3D

Me cuentan que cuando se construyó la comunidad ecológica de las Terrazas, uno de los proyectos comunitarios más hermosos de la Revolución Cubana, se levantaron las casas pero no se hicieron los caminos entre una y otra. Los creadores esperaron a que los lugareños abrieran los senderos con sus pasos, y una vez se tendieron los puentes naturales entre gente y gente, entre viviendas y bodegas, policlínicos y centros educativos, llegó el camión con las losas y se alzó el pavimento. Fue la población, a partir de sus propias necesidades, quien interconectó el pequeño pueblito.
 
Leo en Granma que los timbiriches de ropa ecuatoriana tienen hasta el 31 de diciembre para liquidar su mercancía, y que el negocio de los cines 3D nunca estuvo permitido, de modo que están de más en el reino de este mundo. Y no dejo de pensar en la metáfora del pueblito artemiseño, de la tierra natal del cantante Polo Montañez. Y también en el mercado, una institución que surgió con las primeras civilizaciones humanas, y que antecede al capitalismo al menos en cuatro mil años. Lo que hizo la modernidad occidental fue deformar el sentido de las relaciones mercantiles, ubicándolas en el centro de la sociedad, haciendo que absolutamente todo (hasta la vida) haya de pasar por una racionalidad mercantil. Pero de ahí a simplemente dar la espalda a las leyes de oferta y demanda que rigen cualquier colectivo humano va un paso grande, cuyas consecuencias simplemente no pueden desconocerse. Cuando se bloquea artificialmente la resolución de una demanda el mercado se escurre como arena entre los dedos. Vendrá entonces la ilegalidad, el contrabando y los intentos de soborno.

El cine 3D particular y las boutiques con ropa importada nacieron de una necesidad. El primero es consecuencia de la crisis por la que atraviesan hoy la mayor parte de nuestras salas de cine, y más allá de ello se trata de cómo gestionar el ocio de un público mayoritariamente joven que demanda espacios de diversión/socialización como es el caso.

Las tiendas que venden ropa importada, por su parte, eclosionaron al calor del llamado trabajo por cuenta propia, se colaron por los resquicios de una legislación que sólo autorizaba la actividad de “modista o sastre” o "productor-vendedor de artículos de uso en el hogar". Lo que se pensó inicialmente para vender trapos de cocina y líquido para matar cucarachas terminó en pequeñas boutiques, algunas con aire acondicionado, surtidas por mulos aéreos, gente que gracias a la nueva ley migratoria viajan dos o tres veces al mes a Panamá, República Dominicana, Ecuador o el propio Miami, y regresan con las maletas atiborradas de ropa y artículos de aseo personal.

Estoy absolutamente en contra de los que sustraen mercancías al propio Estado y las venden en algunos de estos negocios, del mismo modo que estoy en contra de los revendedores de algunos productos que escasean en las tiendas y algunos cuentapropistas acaparan y después revenden. Lo primero ciertamente se resuelve con más control por parte de los organismos (de otro modo no podrían sustraerse tales recursos); lo segundo no sólo controlando, sino acabando de refundar la famosa cadena puerto, transporte, mercado interno, causante de nuestras crisis periódicas de detergente, pasta dental, papel sanitario y un largo etcétera de productos de primera necesidad.

Pero la ropa ecuatoriana y la pasta Colgate, hasta donde entiendo, no se la están robando a nadie. Claro, podría hablarse de que con este negocio el Estado pierde competencias. Y es cierto. Quizás sea algo que debería valorarse. Y entre valoración y valoración, acabar de echar a andar un mercado mayorista (aún en estudio) que demanda el trabajo por cuenta propia como el oxígeno la vida, y es una actividad en la que podría incursionar directamente el Estado.

En cuanto al 3D, sólo he estado en uno de los cines de los muchos que cerrarán sus puertas en la capital cubana. Vi un filme de los que proyectan cada verano en el espacio televisivo “Cuadro a cuadro”. Mucha acción y muchos efectos especiales. Puro espectáculo. Hasta ahí. Otro día fui a jugar en una Xbox, más para enterarme en qué consistía el invento que porque sienta algún placer con los videojuegos. Lo cierto es que vi un espacio interesante de socialización, un paréntesis entre tanta marginalidad que abunda en Centro Habana. Los dueños lograron con este negocio salvar una casa en ruinas y de paso le dieron empleo parcial a una docena de estudiantes universitarios.

Apruebo punto por punto las recientes declaraciones del Viceministro de Cultura Fernando Rojas, quien recordaba que la política cultural ha de estar en manos del Estado y que los cines particulares deberían atenerse a las mismas regulaciones de otros espacios de este tipo existentes en el país. Como en todas partes del mundo. Y dicho sea de paso, al menos lo que vi en ese cine de Centro Habana, no entró en contradicción con la política cultural de la Revolución Cubana.

Espero que nadie me tache de neoliberal por pensar que el Estado debe concentrar sus áreas de acción directa en aquellas actividades que realmente son decisivas, trascendentes. Perfeccionar, por ejemplo, nuestro sistema de salud pública que, con sus deficiencias, está entre los mejores del mundo. O mejorar la educación escolar, desde la primaria a la universidad. O trabajar, trabajar y trabajar porque ganemos en educación formal, porque la gente gane en civismo.

Creo en el cine 3D particular y en los tenderos ecuatorianos, igual que celebro un país donde convivan múltiples dimensiones de realidad. Es más, celebro y apoyo a quien salve un espacio de la ruina, de la bobería, a quien restaure un pedacito de esta Habana tan necesitada de repellos y pinturas. Y sobre todo, al cubano que apueste por invertir en su país, por concebir futuro dentro de esta Isla. El camino de la actualización del modelo económico, la actualización de la sociedad cubana, debe recorrerse a partir de múltiples senderos entre la gente, sus necesidades reales, y las visiones de aquellos que implementan las políticas económicas, entre la realidad y lo que se quiere legislar. Dialogar antes que prohibir. Dialogar antes que clausurar. Dejar correr los senderos, igual que en el pueblito de las Terrazas.

3 comentarios:

  1. Me parece atinadísimo este comentario, además de necesario, ojalá lo publicaran algún día en algún diario nacional. By the way, una felicitación bloguera, de otro bloguero cubano. Vine a tu blog a partir de verlo en la Mesa Redonda.

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  2. AL IGUAL QUE EL COMENTARIO ANTERIOR, ENTRE A TU BLOG A PARTIR DE DISFRUTAR TUS INTERVENCIONES EN LA MESA REDONDA, Y CREO QUE VOY A NECESITAR MUCHO MAS TIEMPO QUE EL QUE PREVI PARA LEER LO DE LA MORAL BARRIOTERA, ACA HAY DE TODO Y MUY BIEN ESCRITO Y BIEN ENFOCADO. FELICITACIONES

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  3. Creo que el 3D es una evolución que aun falta por desarrollar de la manera más óptima en algunas ramas ya que el cine te deja un dolor de cabeza por lo menos a mi bastante importante, en cuanto a otras disciplinas parece que se empieza a ver un poco más de luz, la revolución de la impresión por 3D va a ser un boom dentro de unos años

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