lunes, 15 de julio de 2013

Mariposas y peces

Ayer amaneció una mariposa muerta en mi ventana. Una mariposa bruja, grande y de color oscuro, visitante nocturno que terminó su primera y única jornada de existencia con los primeros rayos del amanecer. Las mariposas viven muy poco, apenas si lo hacen. Debe ser una gran jodedera pasarse la vida como gorda y sedentaria oruga consumidora de hojas, meterte después en una crisálida más estrecha que un apartamento “afectado” de la urbanización de Alamar, y finalmente cuando abres las alas y vuelas al sol (o a la luna, como fue el caso) venir a morirte. Es como si se cayera el avión que te conduce a tu primer viaje fuera de fronteras.

Los peces, por su parte, están a la vanguardia del retardo escolar. Se dice que no tienen memoria de largo plazo. No tengo idea de cómo los científicos habrán descubierto esto último. A mí, que provengo del campo de las ciencias sociales, lo único que se me ocurre es entrevistar a una muestra representativa de peces y hacer luego un grupo focal con algunos de ellos para conocer sus “visiones del mundo”; pero dudo que ello me permita arribar a conclusiones muy abarcadoras, porque a la tercera pregunta habrán olvidado el diálogo y habría que comenzar nuevamente.

Sin embargo, peces y mariposas son los bichos más felices de la biosfera. Los primeros olvidan rápido. Y no sólo las cosas buenas como el olor y la luz del mar abierto, sino también el dolor de la pesca, el encierro constante en el acuario, y las mordidas de los depredadores. Las mariposas, por su parte, no tienen tiempo para lamentarse. Su vida es como la luz de un fósforo, existen apresuradamente y después terminan barridas por la escoba.

A diferencia de mariposas y peces, de vez en cuando los humanos –que tenemos más tiempo y más memoria- nos trazamos metas, horizontes hacia los cuales dirigir nuestro rumbo. A veces se cumplen y a veces no. En estos últimos casos lo mejor para evitar la neurosis es redefinir los objetivos en función de las condiciones específicas por las que transita nuestra vida. Adaptarse. Sobrevivir. Encuevar las metas hasta que lleguen mejores días, y si no llegan, seguir luchando por hacer algo -quizás agradable, quizás trascendente- con nuestra existencia cotidiana.

Cuando la vida se tuerce lo mejor es reestructurar el campo. Alegrarse con lo que viene. Celebrarse y cantarse a sí mismo igual que lo hacía el poeta Walt Whitman hace ya tanto. Aprender de las mariposas y de los peces, animales que no saben de crisis existenciales, de manuales de autoayuda, de gotas florales y antidepresivos.

A punto de cumplir los 31 años, y en medio de un verano habanero que no tiene para cuando acabar, logré la semana pasada dos logros trascendentales, que si bien no me hacen merecedor de un triunfo, al menos volvieron más feliz mi existencia.

En primer lugar, adquirí el primer cartón de huevos luego de la rebaja de 40 centavos por unidad. Es decir, las 30 posturas de gallina que antes costaban 45 pesos cubanos (1.8 dólares) ahora me salieron en 33. Salí victorioso del mercado con un paquete de galletas de sal, durísimas pero comestibles, y mi flamante cartón de huevos. En el trayecto del agro a la casa tres viejas se me acercaron para preguntarme dónde había comprado los huevos y asegurarse de cuánto me habían costado. Me sentí una mezcla de dios Baco y macho alfa proveedor.

Mi segunda victoria fue conseguir cinco pesos convertibles (CUC) que automáticamente convertí en un paquete de muslos de pollo y 250 gramos de Cola-Cao (chocolate instantáneo) que encontré en rebaja porque tenían cercana la fecha de caducidad.

Con chocolate, pollo y huevos no se le puede pedir más al destino, quizás solo maicena para hacer natilla con el chocolate, pero visto desde otro punto de vista, esa podría ser una tarea para la próxima vida. Como las mariposas.

Aunque quizás tal vez lo mejor sea olvidarnos de tanta filosofía y de tanto reino animal, y concentrarnos en el aquí y el ahora, ya sea el olor del pollo asado o el color amarillo intenso de la tortilla. Como los peces.

1 comentario:

  1. Tienes muy buena educación para ser un joven cubano (a tus 31 años). Una amiga regresó de Cuba por lo mismo admirándolos ¿sabías que en El Salvador las 30 "posturas" de gallina ( ¡huevos claro! ) nos cuestan 5.0 dólares? Son séis huevos por dólar y no son muy grandes; cuando se desintegró la Unión Soviética y todavía teníamos nuestra moneda podíamos comprar 430 huevos por el mismo costo (eran a 10 ctvs., diez por colón... 85 posturas por dólar). Nadie compraba tanto, sólo el que revendía. Sinceramente espero lo mejor para Cuba y El Salvador, que nos dejen luchar por un mejor futuro... muchos tempranamente quisieron volar, y perdieron la vida por querer hacerlo, menos afortunados fueron con una efímera vida similar a las mariposas... y aún así se continúa luchando.


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