jueves, 6 de junio de 2013

La Habana en 3D

Hoy despedí a mis vecinos. Me desperté a las tres de la mañana, doce horas antes de que mataran a Lola y de que mi ciudad calenturienta recibiera los primeros chaparrones del verano. El agua nos limpia las tristezas del cuerpo y del espíritu. Café con leche. Dos galletas. Telesur que no trasmite tan temprano. La conexión rápida a esa hora. Cubadebate. El País. El Universal de Venezuela. Cuatro correos del trabajo, tres de la familia y los amigos allende y aquende las fronteras.

Fue una despedida rápida y triste, de un solo abrazo. Abordaron rápido el auto que los condujo al aeropuerto. Justo en ese mismo momento una vieja cruzaba la calle con un carro destartalado de hacer mandados. El carro se movía tembloroso detrás de ella. Todavía no eran las seis de la mañana y lejos, de espaldas al mar, se veían los primeros resplandores del amanecer. Con la vieja, el taxi, la despedida, el sol del nuevo día y mis propios pensamientos podría hacerse una película melancólica y de final abierto, como son las cosas realmente en esta vida.

También lo de las despedidas es como tú lo tomes. Podrías montar toda una tragedia, caer de rodillas y decir “por qué”, “por qué” como Penélope desde los farallones de Ítaca viendo partir a Ulises junto a su amado Telémaco ¡Qué viva el drama! Yo apuesto por un puro acto de supervivencia: tirar las despedidas a mierda. Es lo mejor para no volverte loco. Mi papá, que tiene un doctorado en optimismo, dice que hay que verle la parte buena a la emigración: así hay más posibilidad de que nos aumenten las libras de arroz que nos corresponden en la bodega. Yo prefiero menos arroz y más gente, pero da igual. El mundo es infinito y patria es humanidad. Además, que ya no es como antes. Ahora la gente se va… pero regresa. Nada detiene a los cubanos. Están también los correos electrónicos, "el muleo", y el propio movimiento de una sociedad que bulle como el magma en las entrañas de la tierra.

Y hablando de bullir, por la noche me fui a un cine particular a ver una película en 3D. Avatar, un remix de ciencia ficción inspirado en Pocahontas que ha pasado como uno de los filmes más taquilleros de la historia. Hollywood es genial, le pone tres dimensiones y sitúa la trama en Pandora, una luna perdida de la galaxia, y ya hacen un bestseller del hombre blanco colonizador que se enamora de la indígena colonizada. Tremenda la capacidad de una industria especializada en reciclar la mierda.

El cine en Cuba, como los panes y los peces, ha multiplicado sus salas en el sector privado. Son los cuentapropistas los que controlan la exhibición del espectáculo en 3D, una actividad que en todos los países se consume en los centros comerciales. La carrera por la acumulación originaria del capital entretiene a los habaneros en estos días de verano. El mercado se escurre por las calles de la ciudad como la arena entre los dedos. Yo no sé cómo lo hacen, pero lo hacen bien. El cine que visité, aunque más pequeño que sus homólogos internacionales, tiene poco que envidiar a un multiplex europeo o norteamericano: una cafetería perfectamente decorada, aire central, salón de juegos y la pantalla 3D más grande de Cuba. Bienaventurados los habaneros que están levantando su Habana. Cada lugar como este es un sitio que se salvó del derrumbe, de la bobería.

Como en el cine 3D, en mi vida se mezcla realidad y ficción, lo nuevo y lo viejo, lo que ha sido y lo que podría ser. A veces me quiero quitar las gafas, o agarrarme a una columna porque siento que el piso se mueve bajo mis pies. No puedo. Nadie puede. Habanero que soy y habanero que seré, sumergido ya en el torbellino de esta historia.

1 comentario:

  1. Me ha encantado el artículo. La Habana, esa ecléptica ciudad donde pasado y futuro se confunden en un presente, cuando menos, extraño...
    Así que llegó el 3D y ahora hay cines particulares???? Y yo que no he visto una película en 3D nunca y no recuerdo la última vez que pisé el cine.... No soporto el ruido de los cines de aquí, donde lo tiros salen de las paredes y parece que estás metido en la ciudad bombardeada (película El Pianista) que es la que me ha venido a la cabeza. Yo es que soy más del cine de barrio abarrotado de gente y del Festival de Cine en La Habana en la que en un solo día veíamos películas hasta no poder más... Es lo que me pasa con la vitrocerámica o el microondas, la comida no es lo mismo... Tú llámame anticuada, soy una nostálgica y lloré por cada uno de mis vecinos que imaginé marchar, y el recordar mi propia partida... ni te cuento... Ya lo encajo mucho mejor, porque la vida es "bullir" y eso no lo detiene nadie y ni falta que hace. Un abrazo, Salvador.

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