domingo, 24 de marzo de 2013

Domingo de Ramos en Maturín

Las festividades religiosas que dan cierre a la Cuaresma comenzaron en Venezuela justo tres semanas antes de las elecciones presidenciales. La catedral de Maturín, una inmensa mole climatizada, amaneció este domingo llena de fieles que, guanos en mano, celebraron el inicio de la Semana Santa. En el templo, recientemente restaurado, la gente cantaba y aplaudía ante la imagen de un Cristo cargando la Cruz, ya listo para las procesiones que se realizarán a lo largo de estos días. Serán jornadas de expiación y culpa, pero también de vacaciones y juerga, en esta mezcla entre lo lúdico y lo estoico que resulta esencial para entender la cultura iberoamericana. Por lo pronto, se declaró Ley Seca en Venezuela desde el lunes 25 al jueves 28 de marzo. Ni ron. Ni aguardiente. Ni cerveza. Ello con el objetivo de evitar choques y otros  incidentes desagradables, en especial por los atolladeros que de seguro se producirán en las carreteras que conducen hacia la costa. En una tierra donde nunca hay invierno la gente guarda estos días de recogimiento entre las olas cálidas del Mar Caribe.
 
En Venezuela, como en casi toda América Latina, lo religioso se funde con lo profano, y tanto la llamada Semana Mayor como la campaña por la presidencia estarán llenas de simbolismo. A lo largo de estos siete días desde los templos se reconstruirá el ciclo sobre el cual se asienta la cristiandad: el martirio, la muerte y posterior resurrección de su fundador. Por su parte, se trazan paralelismos entre el calvario cristiano y el reciente fallecimiento del presidente Hugo Chávez. Partidarios y detractores coinciden en afirmar que Chávez invirtió sus últimas energías en la campaña por la reelección, sobreponiéndose al sufrimiento de una enfermedad en extremo dolorosa. Su martirio le ha asignado un lugar en el panteón barroco de la espiritualidad latinoamericana. El nombre de Chávez se pronuncia con respeto no sólo por sus partidarios, sino también por la oposición. Comprendiendo la imposibilidad de luchar contra un mito que en el universo popular alcanza las dimensiones del Salvador, el pretendiente de la oposición concentra su artillería en el candidato y actual presidente encargado Nicolás Maduro, pero no se atreve a denostar el nombre de Chávez en sus actos de campaña.
En el mundo latinoamericano la mayor parte de los sentidos se construyen desde la visualidad, y en Venezuela la cultura audiovisual se lleva hasta la apoteosis. Lo veíamos antes de ayer en un acto multitudinario que celebró el presidente Maduro en la ciudad de Maracaibo, capital del estado occidental del Zulia. Terminando la actividad, el candidato del PSUV invitó a tres representantes del público a subir al estrado. Uno de ellos, un chico de apenas 14 años, se robó el espectáculo. Se arrodilló ante Maduro que rápidamente le pidió se levantara, arengó a la masa enardecida como un tribuno consagrado, y terminó jurando fidelidad a la Revolución Bolivariana, a Hugo Chávez y al propio Nicolás Maduro. El pueblo común tiene una facilidad de palabra sorprendente, la cual se articula en prácticas cotidianas de comunicación popular: La “voz latinoamericana”, y la comunicación política como parte de ella, se nutren directamente del sermón de iglesia, de los parlamentos de las telenovelas, y de la asamblea barrial.
La campaña por la primera magistratura nacional no hace más que comenzar, y debido a lo peculiar de la presente elección (la constitución exige que se realice en un mes) posiblemente no de tiempo para realizar un mayor despliegue iconográfico. Pero ya en Maturín han comenzado a aparecer las primeras gigantografías. En ella se reproduce el lema principal sobre el cual se asienta la campaña bolivariana: “Maduro desde mi corazón”. El texto se acompaña de un primer plano de Hugo Chávez realizando un saludo militar. A la gráfica se suman los temas musicales, el ritmo contagioso que se escucha día y noche en las ciudades de Venezuela. La lucha por la presidencia se articula también en torno al canto, el baile, el chiste, la consigna, el grafiti, el tabloide de barrio, las pintadas en el rostro, las franelas (pulóveres) de diferentes colores. En las concentraciones bolivarianas la gente agita pancartas y pequeños muñecos que representan a Chávez. Por todas partes ondea la bandera tricolor venezolana.

El domingo próximo, y como cierre de la Semana Santa, los cristianos de todo el mundo celebrarán el milagro de la redención de Cristo tres días después de muerto. Aquí en Venezuela ocurrirá otro tanto. Uno de los principales eslóganes de la campaña bolivariana afirma: Chávez vive, la lucha sigue.

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